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Crónica del curso de las Palmas de Buda en Valencia

Martes 1 de Junio de 2010

 
Mónica Álvarez

 

Una vez más se confirma aquello de que las cosas salen mejor cuando no se planifican. Dos razones me ayudaron a decidirme a última hora: la promesa de un día en la playa de la Malva Rosa (razón poderosa después de un invierno tan duro) y completar mi formación de Chi Kung conociendo una forma de la que no había oído hablar hasta ahora: Las Palmas de Buda.

Hasta la fecha no conocía personalmente a Manolo Mazón, era uno más de los muchos nombres de los que se oye hablar en el mundo del Tai Chi, pero sabía poco de él. Casi sin darme cuenta estaba rumbo a Valencia con tres personas de Valladolid y una de Madrid. Las horas de viaje fueron suficientes para que todos conectáramos desde el principio y nos comportásemos como viejos amigos.

Más que un curso, a este intenso fin de semana prefiero llamarlo encuentro, de personas con una pasión en común. El tipo de experiencias que te hace darte cuenta del punto del camino en el que estás, a valorar los maestros con los que trabajas en tu lugar de origen (mis queridos Rosa y Vicente) y a integrar los conocimientos que te aportan otros maestros, en este caso Manolo Mazón.

Me encantó la idea del hermanamiento, de compartir nuestra experiencia en la práctica independientemente de la ciudad de la que veníamos, de los diferentes estilos que cada uno practicábamos, aficionados, profesionales... de manera sorprendente Manolo adoptó un ritmo que todos éramos capaces de seguir de manera grupal consiguiendo ese punto de equilibrio en el que nadie se pierde, se agobia, se desconecta o se aburre, siguiendo el programa previsto de manera formal y a rajatabla.

Creo que todos en poco tiempo hemos conseguido aprender y lo que es más importante entender la forma de las Palmas de Buda con cada una de sus aplicaciones marciales.

Esta forma de Chi Kung ha sido todo un descubrimiento para mí, esperaba ejercicios suaves y me he encontrado con una forma muy energética que puede adaptarse fácilmente a las condiciones físicas y al nivel de conocimientos de cada uno. Pero el auténtico plato fuerte sin duda,  son sus aplicaciones marciales, que pudimos ver claramente ejemplificados con Manolo y Mercedes, e incluso experimentar en carne propia (espérate que aprenda Manolo, que me voy a vengar).

Pude comprobar que con esta forma se consigue un estiramiento eficaz de miembros superiores principalmente y además el trabajo que se realiza con las piernas es intenso. Prueba de ello es la sensación de quemazón en los cuádriceps, eso que vulgarmente conocemos como agujetas y que a pesar de que resultan molestas, secretamente a todos nos hace ilusión saber que con ello nos hemos fortalecido un poco.

He prometido a Manolo que buscaría alguna cosa que no me hubiera gustado del curso y haciendo un esfuerzo se me ocurre que hubiera sido bueno tener más tiempo para practicar por parejas algunas de las aplicaciones marciales...por decir algo...
 
El centro Cienfuegos me enamoró desde el primer momento que puse el pie, es de esos centros que ya por sí solos te predisponen a la práctica, con esos detalles y ese mimo propio de una persona que conoce el Tai Chi y ha acondicionado su centro para dar clase de manera cómoda y agradable.
 
Desde mi experiencia de visitar y compartir cursos con personas fuera de mi comunidad (Valencia, Oviedo, Córdoba...) con distintos maestros, siempre saco algo positivo que te enriquece, a conocer desde el respeto y a seguir la línea con la que más te identificas acorde con tu objetivo particular, a descubrir a la cantidad de personas estupendas que se mueven por este mundo desde hace años, que te acogen y te asombran con sus vivencias.
 
Mención especial al momento de la comida cuando pudimos comprobar gracias a Ricardo, que 13 personas en un restaurante son capaces de pedir 13 variedades diferentes de tés y cafés.....lo que es el ser humano. Pero al fin y al cabo, y que más da la forma de servirlo?, si lo mejor es disfrutarlo, sabiendo que independientemente de la forma, nunca se pierde la esencia.

 


 

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