Tai Chi en Isla Cristina (Huelva). “Un poquito de Manolo Mazón... es mucho” Precisamente, porque del seminario, que duraba una semana, del 14 al 21 de julio, tan solo pude disfrutar y aprender durante el fin de semana: viernes, sábado y la mañana del domingo. Y es una lástima, porque Nena Alonso que ya tiene experiencia en esto, lo bien que lo organiza, lo económico que resulta y no falta detalle, incluido el regalo de bienvenida, (un magnifico jardín Zen) con que nos obsequió. La pena mía era que aparte de tan pocos días, me quería centrar en el abanico, con Manolo, del que tengo una ligera idea, y con muchos errores sobre todo de detalles, la idea era la de avanzar lo que se pudiera. En tai chi y qigong ya sabemos no hay que tener prisa. Estuve de “libre oyente” practicando “las palmas de Buda”, viendo como mis compañero/as hacían “San Shou” que a mí personalmente me recordaba el Tui Shou, donde un alumno hace de “A” y el otro alumno de “B”; Bueno, vamos por partes, el hotel, espléndido, ubicado a cinco minutos (literalmente) andando de la playa, un hotel “Familiar”, paraíso para el descanso. Me llamó la atención que a mediados de julio las dos magnificas piscinas estuvieran siempre, casi vacías, pudiendo disfrutar de ellas, también teníamos un acompañante de la casa que nos amenizaba todo el día, un magnifico loro Yaco que entre otras lindezas, nos silbaba la banda sonora de la película “El puente sobre el río Kwai”... el puñetero loro. Otro dato a destacar fue el que allí estábamos practicantes de varios estilos de tai chi. Me encontré a Pepa, Inés y a su marido Jesús, conocidos de otros seminarios, también gente de Valladolid, Málaga y Córdoba y, cómo no, mis amigos “choqueros” de Huelva entre ellos la lindísima Pepa y su encantadora hija Irene... “bueno tos lo que habían, son mu güena gente”... para que nadie se moleste. El primer día que llegamos me veo a Inés con un spray tamaño familiar en la mano y pensé: ¡Joe con los mosquitos! Yo que tengo uno alojao en mi casa, (con un águila tatuada en el pecho y que es ya como de la familia), tampoco nos van a dejar tranquilos aquí, pero la fama que tiene Huelva, de mosquitos, tampoco es para tanto, de hecho a mi señora y a la “viuda feliz”, mi hermana, ni las tocaron. Para no extenderme demasiado comentaré mi opinión de “Shifu Manolo Mazón”, he tenido el placer de trabajar con varios maestros/a y Manolo es un gran maestro. Que “güena gente” es el vallisoletano, que educado en el trato, y que entrañable y cercano resulta trabajar con él. Ya la gente de Madrid me hablaba de su buen hacer, y de que en lo tocante a explicar y aplicar la expresión corporal... es un monstruo. Resumiendo, es el segundo seminario que hago con Manolo, pero en la medida de lo posible, intentaré acudir a todos los que pueda, sobre todo de abanico, (aunque en el trabajo y en la bodeguita me digan “Mariquita”), y que por supuesto os animéis a acudir a los que se organicen en las playas del Sur en un futuro, a disfrutar de sus gentes, hospitalidad, buen clima, comida... (parezco un anuncio de Canal Sur), que siempre seréis bien recibidos.
Antonio Morales
Comentario Curso Tai Chi Manuel Mazón (Isla Cristina, Julio 2010)
Ha sido muy ameno, lleno de novedades. Se cumplieron los horarios y los temas propuestos en el programa, es más, se dieron nociones de temas que no estaban previstos (ocho elementos, los diez principios del Tai Chi). El profesor nos incitaba a preguntar para aclarar dudas, sabe transmitir sus conocimientos.
El trabajo por parejas era nuevo para mí, fue una experiencia fantástica poder coordinar y acompasar tu energía a la de otra persona. También fue novedad las aplicaciones de las formas como arte marcial propiamente dicho, nos explicó exactamente el objetivo de cada movimiento. El trabajo con abanico me encantó… poder hacerlo a la orilla del mar fue un aliciente más.
Resumiendo: a pesar de haberse cumplido con creces mis expectativas, ¡me quedé con ganas de más!
Ana Daza

Hola a todos, llevo practicando tai-chi desde hace algo más de tres años, aunque en la última mitad sólo me haya dedicado a procurar no olvidar todo lo aprendido, y estas son las segundas vacaciones que disfruto haciendo tai-chi con Manolo Mazón y un grupo de gente en el que van entrando y saliendo personas, pero en los que se mantiene un espíritu de buena sintonía y muchas ganas de aprender, siempre con la dirección firme y suave del profesor, a través de técnicas como san-shou, forma de abanico del dragón volador o las palmas de buda.
Mi trabajo directamente relacionado con la informática me ha llevado a tener una idea de la realidad y de mí mismo, llamémosla bastante catódica, plasmada en imágenes bastante planas. Buscando una realidad que me aportara una dimensión más humana de mi mundo empecé por despegar literalmente el culo de la silla del ordenador para hacer algo de ejercicio, que tenía que ser después de tantos años 'parado' por necesidad fisiológica de carácter tranquilo. Juntas todas las características que necesitaba (movimientos lentos, armonía, concentración, ...) googleas un poco y te sale entre otras cosas tai-chi.
Desprenderme de la supermochila que acarreo desde hace tantos años con un pastiche grumoso a base de culturilla oriental, algún que otro buen cuento chino más o menos reciclado a la europea, las series, casi infantiles, como kung-fu, la de 'en la frontera del lian shan po...' y, sobre todo, ¡por dios cuánto daño han hecho! la mayorías de las películas de chinos, orientales y temas afines de factoría occidental y su mundo hollywoodiense... en fin, vaciar y limpiar esa mochila llena de tópicos y recuerdos falsos de la cultura oriental y en nuestro caso china, y en concreto de lo que es tai-chi, es un trabajo arduo y difícil cuyo horizonte siempre veo nublado, aún a sabiendas de que el sol brilla detrás, y por más que la neblina perenne que vaga por mi mente me impida ver su luz.
Sin entrar en asuntos religiosos, si acaso filosóficos, emprender un nuevo camino, como este del tao a través del tai chi, sin intención de llegar a ninguna parte en concreto (tal y como nos enseñas en cada curso profesor Manolo Mazón), tan sólo disfrutando a cada paso del propio camino que andamos, centrándonos cada día, cada momento en el presente, se convierten en algo extraordinario, especial, en experiencia única estas jornadas de enseñanza y aprendizaje con un profesor que se entrega al alumno independientemente del estado, nivel y aptitud particular, con una fe y paciencia en nuestra capacidad de aprendizaje iluminadas, que me descubren la suerte (la llamo así para simplificar, ya que mi visión del mundo me impide creer en el azar puro) de encontrar en mi camino un humilde y cercano profesor que con cada curso hace posible el pequeñito milagro, de creer que mañana voy a poder dar otro paso más, que desde el primer minuto hasta el último lo da todo y enseña su más preciado secreto: practicar, practicar y practicar, y mejor aún en compañía.
Miguel

Ha sido una semana sorprendente en muy variados aspectos. Un entorno privilegiado entre pinos y mar, en este caso océano; un grupo reducido de seres humanos que en su mayoría no se conocían, y provenientes de muy diversos lugares pero con un punto de conexión: el tai chi (y todos sus anexos); y por último un magnífico profesor capaz de unificar a dicho grupo, de enseñar una complicada disciplina, de trabajar sin descanso (literalmente) y de transmitir su pasión por este arte milenario, que esperemos siga siendo desconocido para muchos (esta sociedad los destruye casi todo).
Reconozco que me he quedado con ganas de más y me gustaría repetir. Creo que con esto lo he dicho todo. ¡Hasta pronto!
Isabel Asunción
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